• como-preparar-un-mojitoAprendí cómo preparar un buen mojito gracias a una anécdota que contó mi mujer en su momento. No recuerdo con exactitud cuál era la razón, pero había algo que celebrar.

    Aquel día nos visitaban Matt Denyer, Aitor Loidi y mi buen amigo Gabi quien, como usted ya sabe si ha leído el texto dedicado al mejor gol del siglo, es un excelente conversador.

    Mi mujer llegó a casa mientras nosotros charlábamos y degustábamos un excelente vino seleccionado para la celebración por Gabi (la enología es otra de sus pasiones).

    Marta, mi esposa, llegó un tanto acalorada. La razón de su sofoco se encontraba en los dos mojitos que había tomado con sus amigas en casa de una de ellas.

    Marta se sentó con nosotros en el salón y contó la reunión de la que venía. Por no perdernos en detalles, baste decir que la anfitriona tuvo la idea de elaborar unos mojitos, idea que fue recibida con alegría entre las presentes… salvo Marta.

    La razón fue la receta elegida por la anfitriona, equivocada en su opinión, pues Marta decía estar convencida de que un mojito jamás lleva tónica, sino agua con gas.

    Ninguno de nosotros, más proclives al espíritu de Baco y otros destilados espirituosos, pudo mostrar acuerdo o desacuerdo, toda vez que desconocíamos la manera de preparar un buen mojito.

    No fue necesario decir nada. Como si de una clave secreta se tratase, Matt, Aitor, Gabi y yo miramos la pantalla del ordenador. Por tenerlo apagado, ejercí de maestro de ceremonias. Encendí el ordenador, introduje mi contraseña y, cuando el sistema estuvo operativo pocos segundos después, me acompañaron en torno a la pantalla mis tres amigos.

    Tardamos poco en comprobar, después de contrastar tres o cuatro fuentes, que Marta tenía razón y que, efectivamente, un buen mojito no lleva tónica… si acaso Ginger Ale para quien guste.

    Para preparar un buen mojito es necesario: azúcar moreno, hierbabuena, limón, ron blanco, agua con gas y hielo picado.

    Matt y Aitor han recogido el modo de proceder para obtener un buen mojito en la página 22 de El Compendio de Don Rodrigo.

    Foto vía | MyCoctel

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  • Moda 16.12.2009 Sin Comentarios

    lenceria-blanca-picardias-ropa-interior-femeninaRelataba en la primera parte de este texto mis dificultades al adquirir una prenda de lencería para mi mujer con motivo de nuestro 25 aniversario, dificultades derivadas de mi profundo desconocimiento acerca de las diferentes tallas de sujetador.

    Tal como me sugirió la amable dependienta, decidí volver a los grandes almacenes con ropa interior que sirviera de referencia.

    Tampoco esa elección fue tarea sencilla. Cierto pudor que no sabría concretar me impidió elegir una de sus prendas diarias y también encontré reparos en elegir un modelo de su lencería delicada.

    Debo reconocer un un pequeño temor infantil a ser descubierto, bien durante la captura de la misma, bien durante mi visita a los grandes almacenes. ¿Cómo justificaría la ausencia?

    Reconozco también que aquella situación me sirvió de estímulo. Uno, a su edad, encuentra pocas ocasiones para la zozobra y esta, sin estar cerca de otras azarosas vivencias que con el tiempo compartiré con usted, era una situación que despertaba en mí una determinada sensación de riesgo.

    Olvidándome de mis temores pueriles tomé de su cajón un bonito conjunto que se encuentra entre mis preferidos, lo doblé con cuidado para esconderlo bajo mi abrigo y salí de casa con la esperanza de que mi acción quedase impune.

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  • Moda 15.12.2009 2 Comentarios

    lenceria-negraEscribiendo el anterior texto referente a las palabras Jeans y Denim, ha venido a mi memoria una anécdota que no puedo dejar de compartir. Recuerdo que mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi rieron con gana cuando les conté la causa de mi confusa desorientación acerca del asunto en cuestión, que no es otro sino las tallas de sujetador.

    Escoger la talla de sujetador adecuada no es una tarea sencilla. Yo lo supe la vez que quise hacer un regalo especial a mi esposa y pensé en lencería. Celebrábamos nuestra bodas de plata, nada menos que 25 años de feliz matrimonio, y juzgué la ocasión propicia para hacer algo inusual: un regalo de lencería.

    No digo inusual porque sea infrecuente que un marido regale lencería a su mujer, lo digo porque era la primera vez que yo consideraba este tipo de obsequio.

    Hasta aquel momento la elección de la ropa interior y lencería de mi esposa había sido un asunto de su exclusiva incumbencia en el que yo no me había inmiscuido.

    Visité unos conocidos grandes almacenes y me dirigí a la sección correspondiente. Me atendió una amable y atractiva señorita. ¿Ha reparado en que las señoritas de los centros comerciales y establecimientos con productos femeninos acostumbran a ser amables y atractivas? ¿Por qué no destinan a esas secciones y establecimientos ’señoritos’ amables con buena planta?

    Disculpe la divagación. En la sección de lencería de los grandes almacenes dediqué un rato a curiosear los productos expuestos. Encontré dos conjuntos adecuados a mi propósito de agasajar y sorprender a mi mujer, y pregunté sobre ellos a una de las amables y atractivas señoritas.

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