Dromomanía, logomanía, oinomanía o incluso siderodromomanía son algunas de las manías más llamativas que he conocido.
Como tantas otras veces en mi vida, el interés despertó después de una charla interesante que, en este caso, se dio de manera casual.
En aquella ocasión, una tarde de verano, paseaba solo por el madrileño Parque del Retiro. Llevaba un libro: me gusta leer en verano sentado sobre el césped, a la sombra de algún árbol de tronco grueso en el que apoyar cómodamente la espalda.
El caso es que, durante la lectura, me distraje por la conversación de dos personas que pasaron. Hablaban de un conocido común a quien compadecían por las consecuencias que para su vida familiar y económica conllevaba la adicción de su mujer.
Por lo visto, la mujer de aquel señor no podía reprimir el instinto de entrar en unos conocidísimos grandes almancenes y sustraer los objetos que le fuera posible. Tal era la frecuencia con que esto ocurría que los empleados conocían por su nombre y apellidos a la señora en cuestión.
Es más, conocían también el nombre, apellidos y número de teléfono portátil (¿por qué lo llamamos móvil?) de su marido, a quien avisaban cada vez que sucedía uno de estos episodios. El referido señor había dado indicación de que dejasen hacer a su esposa, supongo que después de molestos incidentes y, por qué no, la comparecencia de la policía, natural en estos casos.
La cosa es que el abnegado esposo, a quien le supongo una situación económica holgada, pasaba después por dichos almacenes para abonar lo sustraído. Reconocí en la mujer de quien hablaban un evidente caso de cleptomanía. Pero reparé en que conocía pocas manías más, así que me interesé por el tema.
Así aprendí que dromomanía en una llamativa manía consistente en un entusiasmo desmedido por viajar, logomanía refiere a la pasión incontrolable por hablar (quizá sea esta una de las mías), mientras que oinomanía es fascinación intensa por el vino y siderodromomanía el enfático entusiasmo por los viajes en tren.
Si bien no lo recuerdo con exactitud, es probable que comentara este asunto con Matt Denyer y Aitor Loidi y esa sea la razón por la que se incluya en la página 80 de El Compendio de Don Rodrigo junto a otras manías llamativas.
Foto | © Bettmann/CORBIS

El origen de la palabra Abracadabra protagonizó uno de mis numerosos encuentros con Matt Denyer y Aitor Loidi. Fue una tarde de lunes, después de un fin de semana en que Aitor había asistido a una sesión de circo acompañando a varios niños de su familia.



