• Usted y su pareja, si es el caso, habrán despertado hoy con el ánimo predispuesto -un día más- al regocijo del amor compartido. Note que he subrayado el matiz “un día más”. La razón para ello es mi visión del asunto amoroso sujeto a calendario.

    No considero que los 364 días restantes del año sean “un día más”, todos ellos deben ser días de cuidados y atenciones recíprocas. Desde esta perspectiva la fecha de hoy, San Valentín, 14 de febrero, Día de los Enamorados es, efectivamente, un día más para el amor.

    ¿Realmente tienen alguna utilidad y significado las flores, el libro, cualquier detalle regalado hoy si es únicamente una excepción dentro de la totalidad del año?

    Quizá usted no sepa que hoy no se conmemora de manera exclusiva a San Valentín. Hoy es día también para los santos Cirilo y Metodio, Santa Fortunata, Alejandra de Egipto o San Juan Bautista de la Concepción, un destacado reformador trinitario.

    Es del primero, de San Cirilo, de quien quiero hablarle brevemente. Llamado en realidad Constantino, tomó este nombre de Cirilo al comenzar una misión evangelizadora junto a su hermano Miguel (que como monje optaría por el nombre de Metodio).

    Su labor evangelizadora tuvo lugar en el ámbito de los países eslavos, con el añadido de que algunos de sus métodos no hacían demasiada gracia en Roma. En fin, ya se sabe que los renovadores suelen topar con obstáculos.

    Reparará enseguida en la importancia del trabajo de San Cirilo cuando le diga que a él se debe el célebre alfabeto cirílico, vigente aún día. ¿Qué hubiese sido del progreso cultural de los pueblos eslavos sin él?

    Así que hoy, además de un día para el amor, es un día para las letras, cirílicas en este caso.

    Encontrará letras de interés en El Compendio de Don Rodrigo. Mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi han recogido en la página 94 del mismo el nombre de algunos santos españoles y en la página 98 los de algunos patrones interesantes.

    Más información | San Cirilo y San Metodio

    Fotografía | EWTN

    Tags: , , , , , ,

  • Sucede en ocasiones que las cosas no son como esperamos, que la vida nos pone en el camino reveses, contratiempos, escollos y dificultades para medir nuestras fuerzas y darnos ocasión de adquirir nuevas capacidades.

    No sólo la Biblia reconoce el mundo y la vida como “un valle de lágrimas”, también lo hace el Budismo a través de sus cuatro Nobles Verdades:

    El sufrimiento es inherente a la vida.
    El origen del sufrimiento es el deseo.
    El sufrimiento puede ser extinguido (el alcance del Nirvana).
    Para extinguir el sufrimiento debemos seguir el óctuple sendero.

    No es objetivo de este texto profundizar en la complejidad del Budismo. Si es de su interés dicho asunto, puede dar un primer paso a través de este resumen de los aspectos principales del Budismo.

    Sin embargo ha llamado mi atención el denominado óctuple sendero recogido en las cuatro Nobles Verdades del Budismo por sus similitudes con los Mandamientos de la tradición cristiana, pese a que el Budismo tenga su origen cinco siglos antes del nacimiento de Cristo.

    Estas son las indicaciones recogidas en el Óctuple Sendero budista:

    Recta comprensión.
    Recto pensamiento.
    Rectas palabras.
    Recta acción.
    Rectos medios de vida.
    Recto esfuerzo.
    Recta atención.
    Recta concentración.

    Derivo de ellas que la bondad y la rectitud son los pilares sobre los que asentar la ausencia de sufrimiento. Y con todo no logro desprenderme de la cuestión: ¿cómo hacer cuando la vida nos pone en el camino reveses, contratiempos, escollos y dificultades para medir nuestras fuerzas?

    Quizá tenga usted alguna sugerencia en este sentido…

    Mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi han recogido esta información referente al Budismo en la página 13 de El Compendio de Don Rodrigo.

    .

    Tags: , , , , ,

  • Recibí la semana pasada la visita de mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi. Por circunstancias personales, nuestros encuentros se han visto un tanto dilatados en el tiempo, del mismo modo que la frecuencia de mi conversación con usted que tiene la gentileza de visitarme en este espacio.

    Hablamos en ese encuentro acerca del crecimiento y visibilidad progresivos que están adquiriendo las redes sociales, una excelente y práctica herramienta de comunicación cuando somos capaces de darle el uso debido. Un aspecto al fin y al cabo que, como casi todos los de la vida, debe sustentarse en el sentido común.

    Me gustan las redes sociales, de hecho -como usted sabrá- mantengo un perfil en Facebook y Twitter a través de los cuales recibo las más variadas informaciones, útiles unas, interesantes otras, divertidas otras tantas…

    Sobre esto giró nuestra conversación, sobre el tiempo que dedicamos a las redes sociales, sobre su utilidad, sus ventajas y perjuicios, dentro de los cuales subrayamos la paradoja de que la interacción virtual parece empujarnos -por el contrario- a la disminución de interacciones en el mundo físico. Así lo defienden al menos sus detractores.

    Yo, personalmente, no comparto esta postura. De mi actividad en las redes sociales se han derivado encuentros con personas de mucho interés con quienes comparto amenos y enriquecedores encuentros en el mundo “real”.

    El caso es que durante la conversación con Matt Denyer y Aitor Loidi tuve la visión de que, en su momento, hubo otras herramientas con el mismo objetivo: favorecer la comunicación entre personas.

    Puse sobre la mesa una teoría arriesgada, que el Código Morse fue la red social del siglo XIX. Lo hice defendiendo las similitudes que encontré: un código con caracteres predefinidos (¿no tiene Twitter una extensión prefijada a 140 caracteres? ¿no presentan tanto esta como Facebook una serie de acciones y comportamientos compartidos por los usuarios?), un soporte específico (el telégrafo y posteriormente la radio frente a los ordenadores), un deseo compartido de inmediatez en la transmisión de mensaje, una práctica funcionalidad para la respuesta inmediata…

    Bien es cierto que el telégrafo no estaba al alcance de la mano en todos los hogares, siquiera en todas las localidades, pero, teniendo en cuenta el momento histórico, el grado de desarrollo tecnológico y obviadas ambas consideraciones después de considerarlas, me parece adecuado concluir (quizá desde una perspectiva un tanto romántica, es cierto) que el telégrafo pudo ser la red social del siglo XIX.

    Por eso, despediré este texto en Código Morse:  –.  .-.  .-  -.-.  ..  .-  …     .–.  —   .-.     …-  .  -.  ..  .-. (Gracias por venir). Matt Denyer y Aitor Loidi recogen el Código Morse en la página 52 de El Compendio de Don Rodrigo.

    .

    Video divertido | Teléfono móvil accionado por telégrafo

    Más información | Código Morse

    Fotografía | Carlos Díaz

    Tags: , , , ,