Escribiendo el anterior texto referente a las palabras Jeans y Denim, ha venido a mi memoria una anécdota que no puedo dejar de compartir. Recuerdo que mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi rieron con gana cuando les conté la causa de mi confusa desorientación acerca del asunto en cuestión, que no es otro sino las tallas de sujetador.
Escoger la talla de sujetador adecuada no es una tarea sencilla. Yo lo supe la vez que quise hacer un regalo especial a mi esposa y pensé en lencería. Celebrábamos nuestra bodas de plata, nada menos que 25 años de feliz matrimonio, y juzgué la ocasión propicia para hacer algo inusual: un regalo de lencería.
No digo inusual porque sea infrecuente que un marido regale lencería a su mujer, lo digo porque era la primera vez que yo consideraba este tipo de obsequio.
Hasta aquel momento la elección de la ropa interior y lencería de mi esposa había sido un asunto de su exclusiva incumbencia en el que yo no me había inmiscuido.
Visité unos conocidos grandes almacenes y me dirigí a la sección correspondiente. Me atendió una amable y atractiva señorita. ¿Ha reparado en que las señoritas de los centros comerciales y establecimientos con productos femeninos acostumbran a ser amables y atractivas? ¿Por qué no destinan a esas secciones y establecimientos ’señoritos’ amables con buena planta?
Disculpe la divagación. En la sección de lencería de los grandes almacenes dediqué un rato a curiosear los productos expuestos. Encontré dos conjuntos adecuados a mi propósito de agasajar y sorprender a mi mujer, y pregunté sobre ellos a una de las amables y atractivas señoritas.






