• Quisiera en primer lugar disculparme con Ud. por tantos días de silencio. Han concurrido ciertas circunstancias que me han tenido alejado de la conversación, coyuntura que permanecerá al menos hasta abril. Pero adquiero el compromiso firme de conversar con Ud. aquí al menos una vez por semana.

    Imagino que Ud, al igual que todo el mundo, ha vivido con consternación la terrible desgracia de Haití. Seguramente habrá participado en las diferentes iniciativas puestas en marcha, como la acción coordinada por @cosechadel66 en Twitter, habrá visitado webs solidarias como www.ayudahaiti.es o hecho su aportación a través de los diversos canales de cooperación habilitados, todo lo cual ha situado a España como uno de los países que más apoyo está brindando a Haití.

    Nadie duda que la prioridad acuciante en este momento es paliar en la medida de lo posible el dolor del pueblo haitiano y establecer las medidas preventivas para evitar las acciones de mafias y otros indeseables. Ya se han emitido alertas sobre mafias que se lanzan al secuestro de niños para lucrarse con adopciones ilegales: nauseabundo.

    Y si bien todos estamos de acuerdo en que estos son los aspectos prioritarios, quizá también lo estemos en la hipocresía que nos domina, en el olvido del mundo hacia Haití hasta este catastrófico momento, obviando las situaciones de corrupción generalizadas, tal como denuncia el escritor Jean Métellus en la entrevista concedida a Juan Pedro Quiñonero, recogida en el blog de éste y publicada en el diario ABC.

    Ha sido leyendo esta entrevista cuando he recordado dos viejos dichos latinos: Verba volant, scripta manent (las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece) y Corruptio optimi pessima (la corrupción de los mejores es la peor corrupción).

    Por eso comentaba estos días pasados con Matt Denyer y Aitor Loidi la necesidad de dejar constancia escrita, profusa, abundantemente, no sólo sobre esta tragedia, también sobre las miles de injusticias cotidianas, los desmanes de dirigentes y poderosos, los abusos de autoridad y tantas y tantas circunstancias que no deben caer en el olvido.

    Suelo encontrar cobijo ante la adversidad en mi pasión, la lectura. He visitado de nuevo las páginas de El Compendio de Don Rodrigo, concretamente la número 130, en la que se recogen algunos dichos en latín. Porque después de actuar, sólo cierta evasión puede ayudarnos a dejar atrás por un momento la crueldad del sinsentido.

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  • Mi querida esposa Marta me ha sorprendido esta semana y lo ha hecho con un detalle impregnado de nostalgia. Veíamos una película en casa y, como es frecuente, predominaban en ella mujeres de armónicas formas y sinuosas curvas. También los personajes masculinos eran interpretados por varones apuestos.

    Debo reconocer que no prestaba mucha atención a la trama, sumergido en mis pensamientos, pero lo que sí hacía era disfrutar del sofá mullido y la manta compartida con mi querida Marta, que había recostado su cabeza, ya cana, sobre mi pecho, antaño más fornido.

    Una de las escenas de la película representaba el célebre concurso de Miss Universo y desfilaban sobre la pasarela esculturales mujeres con elegantes vestidos. Marta, en su juventud, podría haber participado sin ninguna dificultad en un desfile de modelos… pero la vida nos llevó por otros caminos.

    La cuestión es que reparé en cómo Marta miraba con detenimiento sus manos, tan suaves todavía. Sus manos, en las que el tiempo ha dejado su marca en forma de arrugas y ocasionales coloraciones pardas.

    Marta levantó la cabeza de mi pecho, me miró a los ojos con una mirada que hacía años no veía en los suyos, la de una niña triste con una congoja intensa abrasando su interior, y me preguntó: Rodrigo, ¿todavía te parezco bella?

    Sólo pude responder una cosa. Cogí con ternura su cara entre mis manos, también arrugadas y manchadas por el tiempo, miré en sus ojos, dentro de sus ojos para permitir que ella viese al tiempo la profundidad de los míos, y respondí: Más que el primer día. No pude ver el brillo de sus pupilas porque mis labios dieron a los suyos uno de los más cálidos besos de los últimos años.

    Sí, sé que en algunos aspectos resulto incorregible, pero para ser sincero con usted y conmigo mismo debo reconocer que me acosté aquella noche con una duda: ¿qué país habría ganado más veces el concurso de Miss Universo? Al día siguiente salí de dudas: Estados Unidos los ha hecho 7 veces, Venezuela y Puerto Rico 5. En Europa, Suecia es el país más galardonado en ese concurso al ganar el premio 3 veces.

    La casualidad más imprevisible ha querido que Matt Denyer y Aitor Loidi hayan dedicado un espacio a este concurso en la página 67 de El Compendio de Don Rodrigo.

    Ahora si me disculpa, debo salir para cumplir la promesa que hice a mi querida Marta el día referido: prometí regalarnos una suculenta cena y una velada de baile, como hacíamos tantas veces de jóvenes con menos recursos pero más ímpetu.

    Hoy es un día para ignorar el paso del tiempo y reír abrazados caminando bajo la luna de regreso a casa.

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  • La herramienta definitiva contra los silencios incómodosQueridos amigos, muchas gracias por la buena acogida que han hecho de mi persona y palabras, tanto en este espacio como en Facebook y Twitter.

    Para agradecérselo, me gustaría que recibiese en su casa un ejemplar de la primera edición de El Compendio de Don Rodrigo, firmada por sus autores, de modo totalmente gratuito (sí, también los gastos de envío).

    Si está interesado en recibirlo, le proponemos una sencilla fórmula de participación en este enlace: Ejemplares firmados de la primera edición.

    Una vez más, gracias por sumarse a la conversación y participar en ella.

    Ojalá reciba usted en su domicilio la próxima semana un ejemplar de esta obra que lleva mi nombre.

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