• Sucede en ocasiones que las cosas no son como esperamos, que la vida nos pone en el camino reveses, contratiempos, escollos y dificultades para medir nuestras fuerzas y darnos ocasión de adquirir nuevas capacidades.

    No sólo la Biblia reconoce el mundo y la vida como “un valle de lágrimas”, también lo hace el Budismo a través de sus cuatro Nobles Verdades:

    El sufrimiento es inherente a la vida.
    El origen del sufrimiento es el deseo.
    El sufrimiento puede ser extinguido (el alcance del Nirvana).
    Para extinguir el sufrimiento debemos seguir el óctuple sendero.

    No es objetivo de este texto profundizar en la complejidad del Budismo. Si es de su interés dicho asunto, puede dar un primer paso a través de este resumen de los aspectos principales del Budismo.

    Sin embargo ha llamado mi atención el denominado óctuple sendero recogido en las cuatro Nobles Verdades del Budismo por sus similitudes con los Mandamientos de la tradición cristiana, pese a que el Budismo tenga su origen cinco siglos antes del nacimiento de Cristo.

    Estas son las indicaciones recogidas en el Óctuple Sendero budista:

    Recta comprensión.
    Recto pensamiento.
    Rectas palabras.
    Recta acción.
    Rectos medios de vida.
    Recto esfuerzo.
    Recta atención.
    Recta concentración.

    Derivo de ellas que la bondad y la rectitud son los pilares sobre los que asentar la ausencia de sufrimiento. Y con todo no logro desprenderme de la cuestión: ¿cómo hacer cuando la vida nos pone en el camino reveses, contratiempos, escollos y dificultades para medir nuestras fuerzas?

    Quizá tenga usted alguna sugerencia en este sentido…

    Mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi han recogido esta información referente al Budismo en la página 13 de El Compendio de Don Rodrigo.

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  • Resulta frecuente, si bien es cierto que en personas de mi edad o mayores y más frecuente aún en señoras de mi edad o mayores que yo, escuchar expresiones del tipo ‘Ay Dios mío’, ‘el Señor nos ampare’ o ‘que sea lo que Dios quiera’.

    Esta mañana, en el mercado, haciendo los encargos que mi querida esposa Marta había delegado en mí, he vuelto a escuchar una expresión de las mencionadas, si bien con otro tono.

    Dos hombres (desde hace unos años cada vez es más frecuente encontrar hombres en los mercados, y yo me alegro por las posibilidades de conversación que me brindan) charlaban en torno a los dos temas capitales de los últimos meses: el paro y la crisis. Uno de ellos, un tanto agitado, exclamaba ¡esto no lo arregla ni Dios!

    Su afirmación me ha hecho reparar inmediatamente en que debía de ser una persona creyente. Para negar a Dios la posibilidad de hacer algo primero hay que reconocerle la existencia ¿verdad?

    Esta anécdota intrascendente ha traído a mi memoria una de las numerosas tardes junto a mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi. Disculpará usted que no recuerde con detalle en esta ocasión el motivo de nuestro encuentro. El caso es que, también aquella tarde, Dios andaba cerca.

    Conversábamos sobre Él y las diferentes variantes en torno al hecho de creer o no creer. Si no estoy equivocado, creo que esbozamos una lista con doce posibilidades. De ahí derive que creer en Dios no es una cuestión simple.

    Ateísmo (Dios no existe), Agnosticismo (es imposible saber si existe Dios o no sé si hay un Dios), Deísmo (existe Dios pero no es un Dios activo en el Universo), Monoteísmo (hay un solo Dios), Dualismo (todo es dos, referido al bien y el mal, por ejemplo) e Idealismo impersonal (Dios es un sistema de valores impersonal digno de ser adorado).

    La segunda parte de nuestra lista contemplaba el Panteísmo (todo lo que existe es Dios), Panenteísmo (Dios interpreta la Naturaleza pero tiene una existencia fuera de ella), Animismo (todo tiene alma, Dios está en todas las cosas y seres) o Politeísmo (creencia en varios dioses con personalidades y características propias).

    Creo que Matt Denyer y Aitor Loidi encontraron cierto interés en este asunto y ese debe ser el motivo de que aparezca recogido en la página 64 de El Compendio de Don Rodrigo.

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  • En estos días en que celebramos las fiestas navideñas puede ser interesante ampliar nuestra perspectiva y detenernos un momento en torno a otras manifestaciones religiosas,.

    No olvidemos que la celebración de la Navidad es (o debiera ser) un acto de profesión de fe cristiana en que se conmemora la llegada al mundo del Niño Dios.

    Aunque esta perspectiva no resulte muy tangible en la actualidad.

    Quizá por nuestra historia común durante ocho siglos, quizá por la cercanía cultural en algunos aspectos, el Islam ha sido siempre una profesión religiosa que ha despertado mi interés.

    Si bien no soy un erudito en esta materia, como en ninguna otra, he leído con respeto el Corán, con el mismo interés que la Torá, la Biblia y otros libros sagrados sobre los que conversaremos si se da la ocasión.

    Y en el Corán, como en los demás libros sagrados, he encontrado algunos preceptos de buena voluntad destinados a los hombres y mujeres de bien.

    Pero, ¿cuáles son los cinco pilares del Islam? El Islam se asienta sobre estos cinco pilares:

    1. La oración o salat realizada cinco veces al día en dirección a La Meca.
    2. La peregrinación o hajj a La Meca realizada al menos una vez en la vida mientras los medios de cada uno así lo permitan.
    3. El azaque o la limosna obligatoria.
    4. El ayuno en el mes de Ramadán.
    5. La profesión de fe: no hay Dios sino Dios y Mahoma es su profeta.

    Comparto el interés por esta cuestión con mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi, quienes recogen los cinco pilares del Islam en la página 71 de El Compendio de Don Rodrigo.

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