• Moda 15.12.2009

    lenceria-negraEscribiendo el anterior texto referente a las palabras Jeans y Denim, ha venido a mi memoria una anécdota que no puedo dejar de compartir. Recuerdo que mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi rieron con gana cuando les conté la causa de mi confusa desorientación acerca del asunto en cuestión, que no es otro sino las tallas de sujetador.

    Escoger la talla de sujetador adecuada no es una tarea sencilla. Yo lo supe la vez que quise hacer un regalo especial a mi esposa y pensé en lencería. Celebrábamos nuestra bodas de plata, nada menos que 25 años de feliz matrimonio, y juzgué la ocasión propicia para hacer algo inusual: un regalo de lencería.

    No digo inusual porque sea infrecuente que un marido regale lencería a su mujer, lo digo porque era la primera vez que yo consideraba este tipo de obsequio.

    Hasta aquel momento la elección de la ropa interior y lencería de mi esposa había sido un asunto de su exclusiva incumbencia en el que yo no me había inmiscuido.

    Visité unos conocidos grandes almacenes y me dirigí a la sección correspondiente. Me atendió una amable y atractiva señorita. ¿Ha reparado en que las señoritas de los centros comerciales y establecimientos con productos femeninos acostumbran a ser amables y atractivas? ¿Por qué no destinan a esas secciones y establecimientos ’señoritos’ amables con buena planta?

    Disculpe la divagación. En la sección de lencería de los grandes almacenes dediqué un rato a curiosear los productos expuestos. Encontré dos conjuntos adecuados a mi propósito de agasajar y sorprender a mi mujer, y pregunté sobre ellos a una de las amables y atractivas señoritas.

    Me explicó con precisión los detalles de ambos, miré el precio de la etiqueta y me decidí por uno con un resuelto “Me llevo este”. La dependienta manifestó su seguridad en que aquella prenda gustaría a mi mujer y subrayó una vez más las excelencias de su calidad antes de ponerme en un comprometido apuro: ¿Qué talla usa su mujer?

    Sin lugar a duda vio un claro desconcierto en la expresión de mi cara, así que preguntó de otro modo: ¿Conoce la talla de sujetador que usa? La prenda elegida era un liviano salto de cama, algo vaporoso, y supongo que la talla de sujetador de mi mujer hubiese sido suficiente para ella, en cuanto a profesional del ramo.

    Mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi rieron con ganas cuando les conté lo sucedido a continuación. Para mi vergüenza debo reconocer que mi proceder no fue el más elegante ni adecuado. Fruto de mi atoramiento reaccioné de la forma más simple y burda que quepa imaginar: miré mis manos, miré el busto de la amable y atractiva señorita y concluí que, sin duda, mi señora necesitaba al menos dos tallas de sujetador más que ella.

    Por fortuna, no se molestó con mi indecoroso e inapropiado comentario. Me sugirió amablemente que confirmase la talla de sujetador de mi mujer o, si lo prefería, que volviese de nuevo al centro comercial llevando uno.

    En el próximo texto les explicaré como resolví esta dificultad y las razones por las que Matt Denyer y Aitor Loidi pudieron decidir incluir este asunto en la página 111 de El Compendio de Don Rodrigo.

    Foto Vía | Orquídea Lencería

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    Don Rodrigo @ Martes, 15 de Diciembre de 2009

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