• En estos días en que celebramos las fiestas navideñas puede ser interesante ampliar nuestra perspectiva y detenernos un momento en torno a otras manifestaciones religiosas,.

    No olvidemos que la celebración de la Navidad es (o debiera ser) un acto de profesión de fe cristiana en que se conmemora la llegada al mundo del Niño Dios.

    Aunque esta perspectiva no resulte muy tangible en la actualidad.

    Quizá por nuestra historia común durante ocho siglos, quizá por la cercanía cultural en algunos aspectos, el Islam ha sido siempre una profesión religiosa que ha despertado mi interés.

    Si bien no soy un erudito en esta materia, como en ninguna otra, he leído con respeto el Corán, con el mismo interés que la Torá, la Biblia y otros libros sagrados sobre los que conversaremos si se da la ocasión.

    Y en el Corán, como en los demás libros sagrados, he encontrado algunos preceptos de buena voluntad destinados a los hombres y mujeres de bien.

    Pero, ¿cuáles son los cinco pilares del Islam? El Islam se asienta sobre estos cinco pilares:

    1. La oración o salat realizada cinco veces al día en dirección a La Meca.
    2. La peregrinación o hajj a La Meca realizada al menos una vez en la vida mientras los medios de cada uno así lo permitan.
    3. El azaque o la limosna obligatoria.
    4. El ayuno en el mes de Ramadán.
    5. La profesión de fe: no hay Dios sino Dios y Mahoma es su profeta.

    Comparto el interés por esta cuestión con mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi, quienes recogen los cinco pilares del Islam en la página 71 de El Compendio de Don Rodrigo.

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  • Cultura 30.12.2009 4 Comentarios

    Al margen de otras consideraciones, uno de los comentarios que he escuchado con más frecuencia en relación al Cielo y al Infierno es que ambos se encuentran en este mundo.

    Bien es cierto que dicho comentario lo he oído en boca de personas que no profesan creencias religiosas profundas, pero no es este momento ni espacio para consideraciones al respecto.

    El caso es que esta mañana he escuchado de nuevo ese comentario de forma casual, entre dos personas con las que me he cruzado por la calle, y me ha traído a la memoria uno de los numerosos encuentros con mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi.

    Aquella conversación estuvo centrada en La Divina Comedia, más concretamente en su descripción de los nueve círculos del Infierno.

    La charla nació una tarde de otoño en mi casa y el motivo fue que que un ejemplar de La Divina Comedia estaba sobre mi mesa de trabajo, pues necesitaba consultar algunos aspectos que no vienen al caso para un texto que tenía en desarrollo.

    Creo que le resultará de interés conocer como se estructuran los nueve círculos del Infierno en La Divina Comedia. Cada uno de ellos padecen un suplicio concreto que omitiré para no extenderme demasiado:

    1. Primer Círculo: el Limbo
    2. Segundo Círculo: los lujuriosos y quienes pecan usando el amor para el propio provecho.
    3. Tercer Círculo: los glotones, los soberbios y los envidiosos.
    4. Cuarto Círculo: los pródigos y avaros.
    5. Quinto Círculo: los orgullosos, los librepensadores y los materialistas.
    6. Sexto Círculo: los herejes.
    7. Séptimo Círculo: los violentos, los injuriosos y los usureros (repartidos en tres recintos).
    8. Octavo Círculo: los fraudulentos, los simoníacos, los adivinos, los que trafican con la justicia, los hipócritas, los ladrones, los consejeros, los escandalosos, los charlatanes y falsarios (repartidos en diez fosas).
    9. Noveno Círculo: los traidores (clasificados en cuatro recintos según su traición).

    Ciertamente, quién no pecó en alguna ocasión por uno o varios de estos motivos… Mis amigos Matt Denyer y Aitor Loidi coincidieron conmigo al concluir que existe un infierno para cada uno de nosotros, al menos en La Divina Comedia.

    Quizá esta sea la razón por la que los nueve círculos del Infierno de La Divina Comedia aparezcan recogidos y detallados en la página 56 de El Compendio de Don Rodrigo. Allí pueden consultar los suplicios reservados a cada uno de los inquilinos de los diferentes espacios del Infierno.

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  • Esta tarde he quedado con mis buenos amigos Matt Denyer y Aitor Loidi para desearnos un feliz 2010, toda vez que cada uno de nosotros tiene sus respectivos compromisos familiares para el día de Nochevieja, y es muy probable que charlemos de nuestros propósitos y esperanzas para el nuevo año en torno a una buena jarra de cerveza.

    Estoy casi seguro de que usted habrá brindado con cerveza durante estas fiestas. Quizá le ocurra como a nosotros y sea un ferviente aficionado de esta bebida que ya elaboraban los antiguos pueblos sumerios y egipcios.

    No nos detendremos ahora en hacer un repaso de la historia de la cerveza, quizá en otra ocasión pues es un tema de conversación fructífero e interesante, pero sí compartiré con usted una curiosidad que quizá le sea útil para animar la conversación durante la inminente cena de Nochevieja (¿ha leído el texto donde comparto los modos de celebrar fin de año en otros países?).

    Quizá no sepa que la cerveza tiene una ley de pureza: la ley alemana de la pureza de la cerveza (parece un divertido trabalenguas ¿verdad?).

    La ley alemana de pureza de la cerveza es la norma alimentaria más antigua del mundo. Fue promulgada por el duque Guillermo IV de Baviera en 1516 y establece que para su fabricación sólo debe emplearse cebada, lúpulo y agua.

    A día de hoy esta norma que sigue vigente en Alemania contempla el uso de la levadura, una materia prima desconocida en aquella época.

    Registro como nota mental recordar a Matt Denyer y Aitor Loidi durante nuestro encuentro de esta tarde que la ley alemana de la pureza de la cerveza está recogida en la página 25 de El Compendio de Don Rodrigo.

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